28 de marzo de 2021

SECRETARÍA DE TURISMO Y CULTURAS DE LA GOBERNACIÓN DE LA PAZ SE QUEDA SIN SU ÚNICO ARQUEÓLOGO


La gestión de Felix Patzi Paco en la gobernación de La Paz fue probablemente una de las peores, sino la peor en lo que respecta a la gestión del patrimonio arqueológico o la cultura. Desde que se inició, quedo claro que no tenía la menor intensión de asumir las obligaciones constitucionales que tanto la Ley de descentralización y Autonomías como la Ley de Patrimonio le asignaban, motivo por lo cual nunca estuvo en sus planes fortalecer su dirección de culturas con una unidad que atendiera aspectos de arqueología y patrimonio, ni siquiera el asignar un ítem para contratar un profesional con esta formación. Quienes estuvieron a cargo del tema cultural, fueron siempre personas políticas, sin conocimiento ni formación en aspectos culturales, patrimonio arqueológico o conservación, menos con formación en gestión pública cultural o del patrimonio, alguna eran arquitectas (comodines que acaparan todo tipo de puestos en la gestión cultural), totalmente advenedizas, sin capacidad, iniciativa o visión para el desarrollo institucional de la gestión cultural. Estas personas pasaban su tiempo con gran habilidad para evadir sus responsabilidades, elaborando informes sin substancia que solo tenían el objetivo de deslindar sus responsabilidades para con el patrimonio o su protección. 


Si bien, su Secretaría de Turismo y Cultura contó con uno o dos arqueólogos, estos trabajaban a contrato para atender la fiscalización de proyectos heredados de la anterior gestión o demandados en el marco de algún proyecto con apoyo internacional. De hecho, al único arqueólogo que trabajó hasta hace poco en esta secretaría, lo hacía con item prestado de otra repartición, cuyo perfil era para un fiscal con formación en arquitectura. Recientemente este item fue devuelto y el arqueólogo que se hallaba en este puesto fue dispuesto para que efectúe tareas de fiscalización en otros temas ajenos a su formación. 

Actualmente la Secretaría de Turismo y Cultura de la Gobernación de La Paz no cuenta con arqueólogo para la fiscalización de proyectos, particularmente para uno que se ejecuta en el sitio de Iskanwaya, sin mencionar la atención de las 20 provincias paceñas que albergan 87 municipios con numerosos sitios declarados como "Patrimonio Departamental", "Patrimonio Nacional", e incluso "Patrimonio Cultural de la Humanidad". Esta situación se presenta en concomitancia con otra que afecta gravemente la protección del patrimonio a nivel nacional, que es la desestructuración de la Unidad de Arqueología y Museos (UDAM) y el debilitamiento extremo de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural que pertenece al Ministerio de Culturas. A la fecha esta unidad no cuenta con el personal suficiente, ni calificado , menos los recursos económicos y materiales para ejecutar labores administrativas y de fiscalización a nivel nacional. Los pocos puestos que figuran bajo su estructura están copados por militantes políticos a los que se les paga sólo por este hecho.

La crítica situación que afecta al país, no es solo debido a la pandemia, el grave estado de la economía  nacional o la polarización política; es principalmente debida al cultivo eficiente que se hizo en los últimos 20 años sobre el desprecio a la formación y capacidad profesional para la gestión pública; a la devaluación de los principios humanos y éticos; a la premiación y exaltación de la picardía criolla, el zalamerismo, el servilismo, el oportunismo e incluso la violación solapada de la norma. Lo que ocurre hoy es un descarado y violento saqueo de las arcas del estado, de los recursos que los bolivianos pagamos como impuestos, del dinero que se obtiene de la explotación de nuestros recursos naturales, de los recursos de préstamo y donación que escasamente son dispuestos según su objetivo.

Lamentablemente, esta situación es promovida por un sistema democrático fallido, distorsionado, corrupto, que parece que premia al ganador electoral con el dinero del Tesoro estatal como botin para su uso discrecional y abusivo; con el manejo de los demás poderes u órganos estatales para procurarse la impunidad de los delitos pasados que cometió o los que irá a cometer. En este estado de cosas, la cultura, el patrimonio cultural y arqueológico son una más de las víctimas del saqueo y la destrucción, cuyo futuro probablemente se encamine al dramático final que sufre el patrimonio arqueológico en otras latitudes del mundo.


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