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28 de marzo de 2026

JORNADAS CULTURALES: UNA FÓRMULA OBSOLETA Y ENGAÑOSA PARA LEGITIMAR AGENDAS GUBERNAMENTALES DE POLÍTICA CULTURAL



La experiencia de participación de la Sociedad de Arqueología de La Paz (SALP) y sus miembros en estos escenarios —denominados «Jornadas Culturales» e idealmente concebidos como espacios de encuentro para la construcción y concertación de agendas de política pública— tiene larga data, ya sean promovidos por el gobierno sectorial central, municipal o departamental. En casi todos los casos, estos espacios se usaron principalmente para validar propuestas oficiales, sin escuchar en absoluto ni tomar en cuenta las demandas de los actores, particularmente del sector arqueológico.

Actualmente (marzo de 2026), nos encontramos ante una nueva aplicación de esta vieja y desgastada receta de la mano de los mismos actores políticos del ámbito cultural quienes, reciclados por el actual gobierno, pretenden utilizarnos —una vez más— para legitimar una propuesta «refrita», construida en escritorio y ajena a las verdaderas demandas del sector arqueológico y patrimonial. La situación crítica en la que se encuentra la protección del patrimonio y la gestión pública de la arqueología (a nivel nacional, departamental y municipal) es el producto directo de este enfoque: carencia de normativa técnica, desinstitucionalización de la gestión, destrucción y pérdida de evidencia arqueológica, ineficiencia administrativa, desincentivo a la investigación y ataques sistemáticos a las organizaciones civiles de arqueólogos. Este es el panorama que estos políticos han consolidado tras su paso por la gestión pública.

Se hace, por tanto, necesario rememorar y valorar el registro de poco más de 20 años en los que la SALP y sus miembros han participado en este tipo de eventos, llevando propuestas concretas para la construcción de políticas públicas en favor de la arqueología paceña y boliviana.

Nuestra historia se inicia en 2005, cuando la Oficialía Municipal de Culturas (OMC) de la Alcaldía de La Paz, bajo la dirección de Pablo Groux, convocó a las Jornadas 2005 y reuniones para conformar el denominado Consejo Ciudadano de las Culturas y las Artes (CCCA). Esta resultó ser una instancia ficticia, sin poder jurídico ni legal para asegurar que las demandas de las jornadas se hicieran efectivas. En aquel contexto, el presupuesto de 2005 —que incluía recursos para la implementación de un Reglamento Arqueológico y la conformación de una instancia de gestión— fue redirigido a actividades del sector de folkloristas y danzarines. Esta situación derivó en la renuncia del representante de los arqueólogos y en una profunda y solidaria molestia en otros sectores del ámbito patrimonial.

Tras la conformación de la SALP en 2006, participamos activamente en las Segundas Jornadas Municipales (2007), respaldando a miembros que persistieron en la implementación de un reglamento, la publicación del mapa de áreas arqueológicas potenciales, su inclusión en el entonces Uso de Suelos y Patrones de Asentamiento (USPA) y la creación de una unidad arqueológica. Poco de esto fue tomado en cuenta. Si bien la OMC publicó el mapa y contrató una consultoría, esto no aterrizó en una normativa ni en su inclusión en el USPA 2008; se limitó a contrataciones sucesivas de un arqueólogo para tareas de documentación y difusión.

En marzo de ese mismo año, se envió una propuesta al entonces director de Patrimonio del Viceministerio de Cultura, David Aruquipa, para avanzar en políticas públicas mediante un encuentro nacional que definiera una agenda consensuada. En 2008, la SALP formó parte de las primeras Jornadas Culturales convocadas por el ya viceministro de Culturas Pablo Groux quien, tras su gestión en el municipio, apeló nuevamente a su conocida fórmula. El objetivo fue validar una agenda diseñada «por oferta» con actores de los nueve departamentos para conformar un Consejo Nacional de Culturas. El resultado fue un consejo cuestionado, conformado por dirigentes cooptados y sin capacidad de incidencia. Dicho proceso solo sirvió para respaldar la creación del Ministerio de Culturas, satisfaciendo las aspiraciones políticas de Groux.

En 2009, a instancias de Groux, se emitió el Decreto Supremo N° 0064 para crear los Consejos Plurinacional y Departamentales de Culturas. Su aplicación laxa y discrecional hizo que terminaran como letra muerta, sirviendo únicamente para manipular y subordinar a los actores culturales.

En 2011, las Segundas Jornadas Culturales Nacionales repitieron el patrón: la SALP participó exigiendo el cumplimiento de la ley y la generación de reglamentos, pero se verificó que se trataba de otro evento manipulado y poco transparente que fracasó por la desconfianza del sector. En 2013, participamos en el Primer Encuentro Nacional de Patrimonio Cultural y en las jornadas de socialización del Proyecto de Ley de Patrimonio Cultural. A pesar de generar aportes sustanciales, muchos fueron ignorados, permitiendo que errores significativos persistieran en la actual Ley N° 530.

A nivel municipal, el CCCA de 2007 se autoprorrogó por años, funcionando solo como validador de iniciativas que requerían respaldo social por normativa. Su falta de legitimidad terminó por extinguirlo. En octubre de 2015, bajo la dirección de Andrés Zaratti, se instaló una tercera versión de esta fórmula. De allí surgieron aportes para crear una unidad de arqueología, un reglamento específico y acciones de conservación para sitios como la torre funeraria de Chijipata-Kellumani, la declaración de patrimonio del sitio de Chullpani (Ciudadela Stronguista) y la intervención en la Estación Terrena de Pampahasi. Estas demandas fueron sistemáticamente pospuestas, resultando en daños y destrucción de dichos sitios. Solo la excavación de Putu Putu en Miraflores obligó al municipio a emitir una norma de protección temporal basada en el mapa elaborado por arqueólogos de la SALP en 2007.

Entre el 7 y el 15 de diciembre de 2020, Zaratti organizó nuevamente las jornadas para respaldar su Plan Estratégico (PIEMCA 2021-2025) y renovar el «Consejo Ciudadano Intercultural», otro espacio ilegítimo. La SALP renunció a esta instancia tras constatar la vergonzosa subordinación de sus miembros hacia el secretario municipal.

Más allá del carácter inoperante de estas jornadas, la SALP participó siempre con espíritu constructivo pero crítico. Los resultados han sido desoladores: sitios arqueológicos en abandono, vigencia de normativa obsoleta que permite la destrucción del patrimonio (disfrazada bajo la construcción de depósitos mal llamados «museos») y el total abandono de la ética científica, particularmente en el manejo de restos humanos.

El actual gabinete del Viceministerio de Culturas y Folklore se presenta como una mezcla reciclada de personal municipal y viejos funcionarios de gestiones funestas. Insisten en prorrogar tácticas de manipulación que sirven de pantalla para invisibilizar requerimientos técnicos e imponer una agenda desenfocada y riesgosa para el sector. La reciente convocatoria para las Jornadas Culturales 2026 nos llena de desconfianza dados los antecedentes de quienes la encabezan: Andrés Zaratti y David Aruquipa, promotores de estas herramientas de validación ficticia que desde 2006 solo han generado retroceso en la arqueología boliviana.

23 de marzo de 2026

REUNIÓN ENTRE ZARATTI Y ARQUEÓLOGOS: UN PRIMER ENCUENTRO QUE ALIENTA, PERO PREOCUPA PROFUNDAMENTE

 

El viernes 20 de marzo de 2026 se llevó a cabo una reunión entre las autoridades del Viceministerio de Culturas y Folklore y aproximadamente 30 arqueólogos, quienes asistieron a una invitación circulada el 17 de marzo del presente año. En ella se convocaba a una reunión informativa, de coordinación y de consulta, orientada a fortalecer la gestión del patrimonio arqueológico en Bolivia. También se indicaba que dicha reunión respondía a inquietudes expresadas por profesionales del ámbito arqueológico. Asimismo, el Viceministerio señaló que vio oportuno abrir un espacio de diálogo y coordinación para compartir detalles de su actual estructura institucional, presentar sus líneas de trabajo y recoger criterios técnicos de parte de los asistentes que pudieran contribuir a mejorar su gestión.

En los hechos, el viceministro Andrés Zaratti y su equipo hicieron una breve exposición sobre las jornadas culturales que se iniciarán la siguiente semana, y una extensa y detallada explicación sobre su estructura institucional, el personal y la serie de actividades que prevén abordar durante su gestión.

Lamentablemente, buena parte de la reunión consistió en un monólogo plagado de quejas, reproches y expresiones agresivas sobre las observaciones recientemente efectuadas a los tres meses de su gestión. Las pocas oportunidades en que los asistentes pudieron expresar sus demandas o inquietudes (6 intervenciones) fueron inmediatamente replicadas con escasos argumentos, demostrando no solo un exiguo conocimiento en torno al patrimonio arqueológico, sino también la poca voluntad de escuchar verdaderamente a los especialistas del gremio.

Si bien es meritorio el solo hecho de la realización de la reunión y que el plan de actividades del Viceministerio incluya aspectos como la actualización del marco normativo (reglamentos), la modernización administrativa con la digitalización de trámites, la coordinación interinstitucional para luchar contra el tráfico de bienes culturales y la mejora de las condiciones actuales del MUNARQ, no deja de ser altamente preocupante que ningún arqueólogo se halle en puestos de dirección superior o intermedia en el esquema del Viceministerio, ni siquiera en la unidad encargada de manejar el tema arqueológico. Esto se vio reflejado en una serie de imprecisiones técnicas y descalificaciones a la comunidad arqueológica expresadas por el viceministro. 

A continuación, presentamos aspectos que quedaron en el aire y generaron muchas dudas y preocupación entre quienes asistimos a este evento:

  1. Se indicó que en mayo se tendrían borradores de varios reglamentos, derivados de la Ley 530, que serían elaborados por el Viceministerio en consulta con los arqueólogos y sus organizaciones. No obstante, en horas previas al encuentro circuló un documento titulado “Reglamento para la autorización y control de intervenciones arqueológicas en obras públicas y privadas del Estado Plurinacional de Bolivia”, cuyo contenido permanece alineado con la RM 020/2018 y vulnera la CPE, las leyes 031 y 530, afectando directamente los derechos de los profesionales en arqueología, así como las competencias de las Entidades Territoriales Autónomas (ETAs). Es necesario verificar si este documento fue filtrado o enviado por personal del VCyF , si este es el proyecto que se pretende poner a conocimiento de la comunidad arqueológica y si la filtración fue una especie de globo de ensayo para evaluar su aceptación.
  2. Tal vez por desconocimiento o desprecio de la ley, Zaratti manifestó inclinarse por mantener un alto nivel de centralismo en la gestión arqueológica, omitiendo que existe una clara vocación descentralizada de la gestión cultural, respaldada por la CPE, la Ley 031 y la propia Ley de Patrimonio 530. Cabe recordar que las leyes no son de aplicación discrecional o antojadiza, sino obligatoria, lo cual el viceministro no parece entender.
  3. De manera poco informada, el viceministro indicó que el número de arqueólogos en el país es insuficiente para cubrir la demanda de trabajo, lo cual es incorrecto, pues a pesar de ser un número reducido de profesionales, la demanda laboral es mucho menor y mal pagada, lo que provoca que cada vez menos estudiantes se matriculen en la única carrera de arqueología que existe en Bolivia, perteneciente a la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. Quizá lo más preocupante es que se animó a informar, ante un auditorio perplejo, que promovería la tecnificación en arqueología a través de las denominadas “Escuelas Taller” (centros de adiestramiento municipal que forman una especie de peritos en otras áreas, y cuyo estatus técnico no es comparable ni siquiera al de técnico medio del sistema universitario boliviano), para que reemplacen o sustituyan en ciertas regiones a los arqueólogos profesionales con grado de licenciatura. Una actividad que no entra dentro de las competencias del Viceministerio y que desconoce las normas de educación técnica y superior bolivianas.
  4. Quedó claro que el personal que atiende permisos y fiscalización dentro del Viceministerio es muy reducido: apenas tres personas para todo el país. No obstante, insistió en que la descentralización de la gestión del patrimonio arqueológico a las Entidades Territoriales Autónomas “no es conveniente” porque la mayoría no cuenta con personal calificado. Este es un problema que el Ministerio de Culturas jamás ha abordado con seriedad y en atención a la ley, pues existen gobernaciones y municipios (grandes y medianos), ubicados en zonas altamente sensibles para la arqueología, que no cumplen con sus responsabilidades legales. El rol del Ministerio como ente rector es asegurarse de que las ETAs cumplan la ley, no desconocer competencias territoriales y centralizar la administración sin poseer los recursos financieros, técnicos y humanos suficientes para llevar a cabo las obligaciones que le impone la ley con respecto a la fiscalización de estudios arqueológicos u obras que potencialmente pudieran afectar el patrimonio arqueológico nacional.
  5. Con respecto a la posibilidad que se le planteó de generar una norma impositiva para apoyar el financiamiento de la labor de protección del patrimonio arqueológico (como una fracción impositiva a la cerveza o el cigarrillo), indicó que existía un "lineamiento gubernamental para evitar molestar a los empresarios con este tipo de propuestas". Esta premisa podría ser muy delicada en el momento en el que la protección del patrimonio se contraponga con ciertos proyectos empresariales o de inversión privada.
  6. Se esperaba que esta reunión hubiera permitido que el viceministro tomara conocimiento de la situación actual de la práctica arqueológica en el país y supiera de primera mano las preocupaciones y demandas del sector, para así tener un panorama más cercano y preciso de la realidad que vive el gremio acerca de los principales problemas que se requiere abordar en el ámbito arqueológico. Lamentablemente, la reunión tomo otra dirección y se enfocó exclusivamente en exponer un plan, mostrar sus primeras acciones y justificar el exiguo avance que tuvo su gestión en los primeros tres meses.
  7. En algunos pasajes de la reunión, la principal autoridad de Cultura y Folklore del gobierno se expresó con muy poco respeto respecto a la actividad arqueológica en sí y con cierto desdén en torno a la labor que cumplen los profesionales arqueólogos en la protección y gestión del patrimonio. 

En conclusión, la convocatoria a la reunión fue un avance muy importante para promover el vínculo del Viceministerio con la comunidad arqueológica, pero desnudó terribles falencias del viceministro en cuanto a su conocimiento del sector y dejó expuesto su temperamento autoritario, poco conciliador e innecesariamente agresivo con respecto a algunos sectores de la comunidad arqueológica. Será importante que, en futuras reuniones, baje el tono de sus quejas, reproches y actitud confrontacional, y se concentre en exponer sus propuestas para mejorar la gestión pública de la arqueología, considerando principalmente que los arqueólogos son los aliados naturales del gobierno nacional para la investigación, protección y conservación del patrimonio cultural boliviano.