28 de diciembre de 2025

Un repaso crítico a 50 años de la historia de la gestión pública de la arqueología boliviana (1975-2025)

La creación del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiwanaku (CIAT) en 1958, fue un paso fundamental para la institucionalización de la investigación; no obstante, su inserción dentro de una instancia de regulación y generación de políticas públicas —orientadas a la protección y el fomento de la arqueología— tardó otros 17 años.

En esta comunicación elaboramos una panorámica de lo que - desde la perspectiva de la Sociedad de Arqueología de La Paz-, fue lo más destacado entre las luces y sombras de las distintas administraciones y entidades nacionales encargadas de la arqueología nacional.

INSTITUTO NACIONAL DE ARQUEOLOGÍA (1975-1993)

Carlos Ponce Sanginés. Nacido políticamente de la Cantera del Movimiento Nacionalista Revolucionario, se formó académicamente en la disciplina del Derecho y de manera autodidacta en Arqueología. Asumió tempranamente el reto de investigar los orígenes de las culturas prehispánicas del occidente boliviano bajo una óptica fuertemente influida por su militancia política. Tras crear el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Tiwanaku (CIAT) en 1957 y liderar  un ambicioso proyecto de excavaciones y reconstrucción en Tiwanaku, fundó el Instituto Nacional de Arqueología (INAR) en 1975, a partir del cual impulsó el desarrollo de una Normativa Nacional para proteger el Patrimonio boliviano; promovió la institucionalización de la disciplina y su expansión nacional, además de desarrollar proyectos en Tiwanaku y otros lugares de Bolivia, incluyendo la catalogación de todos los sitios arqueológicos a nivel nacional. Fue la época con mayor generación de material bibliográfico por parte de la entidad, particularmente centrado en Tiwanaku y las culturas del occidente boliviano. Tras 25 años de años de liderar la arqueología boliviana con un cariz fuertemente autoritario, dejó el INAR el año 1982 aduciendo razones personales.

Jorge Arellano López. Ingeniero geólogo de profesión; muy afín a Carlos Ponce Sanginés, manejó los destinos de la arqueología boliviana por 2 años (1983 – 1985) tras la salida de Carlos Ponce Sanjinés en 1982.

Impulsó la catalogación de sitios arqueológicos de La Paz, desarrollando nuevos proyectos de investigación con universidades extranjeras y promoviendo la formalización del trabajo arqueológico del equipo de investigación del INAR. Vivió un importante recorte en el presupuesto estatal debido a una reestructuración propiciada por el gobierno de la UDP, además de la turbulenta ocupación de las ruinas del área arqueológica de Tiwanaku por activistas partidarios. Intentó mantener la dirección que Carlos Ponce le dio a la institución en los 7 años previos.

Carlos Urquizo Sossa. Profesor y pionero de los guías de turismo, dirigió el INAR entre 1985 y 1989, propiciando el resurgimiento de la entidad luego del oscuro capítulo vivido durante la UDP. Continuó con el trabajo de Arellano y Ponce mediante la implementación de proyectos en la cuenca lacustre, entre ellos nuevas intervenciones extensivas en las pirámides de Pumapunku y Akapana. Generó el acuerdo, entre el INAR y la UCB-UAC Tiwanaku, para la recuperación y rehabilitación de camellones en Tiwanaku (proyecto Rehasuc). También suscribió el contrato entre la INAR y la Universidad de Chicago, para la realización del Seminario Internacional de Excavaciones Arqueológicas (con sede en Tiwanaku), para excavaciones en Akapana y Putuni.

Oswaldo Rivera Sundt. Economista de formación, políticamente ligado a Acción Democrática Nacionalista, ingresó al INAR durante la gestión de Carlos Ponce Sanginés; llegó al cargo de Director del INAR en 1989 y fue sustituido en 1992. Se ocupó de administrar de manera ejecutiva y ágil las acciones de la arqueología de investigación. Implementó proyectos de investigación en Tiwanaku, Lukurmata, Iskanwaya y Samaipata entre otros. Le dio mayor capacidad administrativa al INAR. Su principal hito es la rúbrica del contrato entre la INAR y la Universidad de Chicago, para la realización del proyecto Wilajawira (investigaciones en Lukurmata, Pajchiri, Wankani y Tiwanaku). Abruptamente cesado en el cargo, en marzo de 1992, por el entonces director del Instituto Boliviano de Cultura (IBC) Fernando Cajías de la Vega.

Juan Albarracín Jordán. Arqueólogo. Asumió la responsabilidad de dirigir el INAR entre 1992 y 1993. Dirigió la institución en medio de la implementación de una serie de nuevas medidas lanzadas en el ámbito del medioambiente y la cultura.  Abrió paso al trabajo de arqueólogos profesionales y dio continuidad a los trabajos arqueológicos en Tiwanaku y otras regiones en la cuenca del Lago Titicaca.

Buscando actualizar y difundir los conocimientos en el ámbito arqueológico, dio continuidad a la segunda Mesa Redonda de Arqueología Boliviana, cuya primera versión había sido realizada en el año de 1953. Impulsó la total dependencia del Instituto Nacional de Arqueología hacia el nivel central del Estado, mediante su asociación permanente al IBC (que se convertiría -paulatinamente- en el Ministerio de Culturas), cuyas consecuencias se continúan acarreando hasta el presente.

PERIODO DE TRANSICIÓN ENTRE EL INSTITUTO NACIONAL DE ARQUEOLOGÍA Y LA DIRECCIÓN NACIONAL DE ARQUEOLOGÍA (1993 – 1997)

Oswaldo Rivera Sundt. Economista de formación. Asumió nuevamente las riendas de la institución entre 1993 y 1997, asumiendo mandatos que la Ley de Descentralización Administrativa dictaba para todas las entidades descentralizadas dependientes del estado que se asumían como nacionales, entre ellas el Instituto Nacional de Arqueología, para que tales se conviertan en instancias ejecutivas de fiscalización o generación de políticas públicas.  

Fomentó la investigación y consolidó la presencia de la arqueología en el nivel estatal. No obstante, que sus atribuciones se circunscribían a la fiscalización y la generación de políticas públicas, persistió en el manejo y ejecución de proyectos e intervenciones directas, aspecto que inició un lamentable periodo de conflictos de intereses, tráfico de influencias y prácticas poco transparentes. En su gestión se implementaron los primeros estudios de impacto arqueológico bajo la ley 1333 de Medio Ambiente, particularmente en la construcción de las redes de transporte de hidrocarburos.

DIRECCIÓN NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA Y ARQUEOLOGÍA - DINAAR (1997 – 2000)

David de Rojas Silva. Arqueólogo boliviano con grado de doctorado que fue repatriado del Perú a inicios de los años 90 para que dictase clases en la Carrera de Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés. Asumió el cargo principal de la Dirección Nacional de Antropología y Arqueología (DINAAR) entre los años 1997 y 1998. Renovó la normativa arqueológica nacional (Reglamento de Excavaciones Arqueológicas), pero fue retirado de sus funciones, debido a una gestión negligente en la protección del patrimonio, siendo un ejemplo de su deficiente desempeño la destrucción de importante patrimonio arqueológico en un tramo cercano al área monumental de Tiwanaku, durante la construcción del camino La Paz - Desaguadero. En este lamentable hecho también estuvo involucrada la Prefectura Departamental de La Paz junto con arqueólogos recientemente egresados de la Carrera de Arqueología de la UMSA.

José Felipe Teijeiro. Antropólogo de profesión; ocupó el cargo por un corto periodo entre 1998 y 1999. Manejó la arqueología sin darle la importancia y trascendencia que requería, constituyendo así una dirección de corte casi transitorio.

Javier Escalante Moscoso. Originalmente Arquitecto de profesión, se licenció también en Arqueología en la Universidad Mayor de San Andrés. Dirigió la DINAAR entre 1999 y 2000. Debido a modificaciones estructurales en la administración central del Estado, durante su gestión la jerarquía de la arqueología descendió de una posición de Dirección a una de Unidad dentro de la estructura administrativa de cultura y educación (Gobierno del Gral Hugo Banzer).

Su administración no tuvo la trascendencia esperada, más por el contrario, supuso la pérdida de ítems vinculados a la gestión técnica de la arqueología nacional, la reducción de personal especializado y la contratación de estudiantes y egresados poco calificados de la Carrera de Arqueología de la UMSA, cuyo desempeño posterior afectaría dramáticamente la integridad del Patrimonio Arqueológico y la reputación de la institución.

UNIDAD NACIONAL DE ARQUEOLOGÍA (2000 – 2011)

Este periodo inició el tránsito a la desintegración de la gestión de la arqueología boliviana, caracterizado por la inclusión de personal poco calificado, la inexistencia de instrumentos de gestión para la investigación o la arqueología preventiva, el manejo de colecciones y museos; todo lo cual derivó finalmente en la implementación de acciones improvisadas y discrecionales. La propia entidad manejó proyectos siendo juez y parte, designando egresados o estudiantes como codirectores de proyectos de investigación extranjeros, casi siempre elegidos según su afinidad con las autoridades de turno.

Numerosos escándalos sobre malos manejos y negligencia en la protección de patrimonio saltaron a la luz, entre ellos los casos de Pumapunku y Akapana denunciado por la SALP, o la instalación de escuelas de campo extranjeras dentro del área monumental de Tiwanaku.

Javier Escalante Moscoso. Tras el descenso de jerarquía administrativa, continuó como Jefe de la recientemente creada Unidad Nacional de Arqueología (UNAR) entre los años 2000 a 2009, siendo prácticamente intocable entre los gobiernos de Hugo Banzer, Jorge Quiroga, Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y Evo Morales.

Promovió la declaración de Tiwanaku como Patrimonio Cultural de la Humanidad (UNESCO), impulso y ejecutó desde esa entidad varios proyectos en Tiwanaku con financiamiento de la CAF, BID y otras organizaciones de cooperación bilateral (Suiza, Finlandia, Alemania, Japón, entre otros). Fomento la investigación vía convenios con universidades extranjeras.

Diversos hechos de corrupción se denunciaron en su gestión, principalmente ligados a tráfico de influencias, negligencia en la implementación de proyectos (Akapana, Pumapunku) y conflicto de intereses en la ejecución de servicios por parte de la UNAR. Fue suspendido de sus funciones debido a investigaciones ligadas a fallas críticas y tráfico de influencias en la construcción de Museo Lítico de Tiwanaku.

Pablo Rendón. Licenciado en arqueología por la Universidad Mayor de San Andrés. Dirigió la UNAR de manera interina entre los años 2009 y 2010, siendo destituido tras la intervención de la UNAR por nuevos hechos de corrupción. Salió en medio de un escándalo relacionado a la pérdida de documentación institucional y de piezas arqueológicas que formaban parte del fondo museístico del Museo Nacional de Arqueología.

María Soledad Fernández. Arqueóloga. Fue designada como jefa interina de la UNAR, tras la intervención que diera fin a la gestión de Pablo Rendón. Sin experiencia en gestión pública, su administración duró algunos meses del año 2010.

Si bien, Intervino la UNAR en medio de un escándalo de corrupción y pese a los sólidos argumentos que la apoyaban, fue observada por llevar adelante la intervención sin seguir los pasos administrativos y legales, lo cual precipitó su renuncia.

UNIDAD DE ARQUEOLOGÍA Y MUSEOS (2011 -2020)

José Luis Paz. Arqueólogo. Manejó la UNAR entre los años 2010 y 2011, tras haber ingresado mediante un concurso de méritos. Desarrolló un marco de funciones para la denominada Unidad de Arqueología y Museos (UDAM), que fuera creada en su gestión.

Abandonó el puesto de jefe de la UDAM, con el objetivo de ocupar el cargo de director de Patrimonio en el Ministerio de Culturas; sin embargo, a los pocos días fue retirado. Su gestión no tuvo mayor trascendencia salvo el cambio de algunos funcionarios fuertemente cuestionados que fueron heredados de las gestiones anteriores.

Pese a existir importantes fondos de la Cooperación Internacional a disposición de la protección del Patrimonio Arqueológico, su gestión manchada por conflictos con otros sectores de la arqueología, no logró la concreción de proyectos tangibles y consecuentemente gran parte de los fondos fueron reasignados a otras áreas del estado, perdiéndose una oportunidad inestimable para la protección del Patrimonio Arqueológico, particularmente del entorno del Lago Titicaca.

Jimena Portugal Loayza. Licenciada en Antropología y Arqueología por la Universidad Mayor de San Andrés. Fue designada como jefe de la UDAM por algunos meses durante el periodo 2011.  Sin ninguna experiencia en el ámbito de la administración pública, ni del patrimonio; ingresó gracias al apoyo del entonces Director de Patrimonio, el arqueólogo Marcos Michel. Durante su gestión, Intentó aprobar una norma irregular y lesiva al Patrimonio Arqueológico y a los intereses de la comunidad arqueológica en beneficio de un estamento privilegiado de arqueólogos que trabajaban en el ámbito de la consultoría en arqueología preventiva. Fue retirada en medio de denuncias y demandas de negligencia y discriminación.

Julio Ballivian Torrez. Arqueólogo de profesión, asumió el cargo el año 2011 inmediatamente después de licenciarse de la carrera de Arqueología de la UMSA, sin poseer ninguna experiencia en la administración pública. Su gestión se extendió hasta el año 2015.  Su designación también respondió a una decisión del mencionado Director de Patrimonio (Marcos Michel).

En su gestión se aprobó un reglamento para actividades arqueológicas muy cuestionado y rechazado por la comunidad arqueológica debido al excesivo control que imponía y a la desviación conceptual de sus definiciones. Formó parte del equipo de elaboración de la Ley de Patrimonio 530, la cual fue aprobada con numerosas falencias y vacíos. Durante su administración se propició el empleo del sitio arqueológico de Tiwanaku como un centro de eventos políticos oficialistas del partido de gobierno (Movimiento al Socialismo), los cuales se llevaron a cabo con insuficientes resguardos ni medidas de protección para el yacimiento arqueológico, tambien se dio paso a la realización de conmemoraciones del solsticio del 21 de junio en sitios de alta vulnerabilidad. Se dio carta blanca al paso de la competencia del DAKAR en lugares delicados y de alta vulnerabilidad para el Patrimonio Arqueológico, Histórico y Natural boliviano, De igual manera, se permitió a las cooperativas mineras dañar severamente varios monumentos nacionales como los caminos prehispánicos del Takesi y el Choro, situación que fue denunciada por la Gobernación de La Paz y asociaciones protectoras del patrimonio.

Salió en medio de denuncias de negligencia que implicaron a las autoridades de Patrimonio y arqueología.

José Luis Paz. Retornó a la jefatura de la UDAM entre 2015 y 2018. Accedió al cargo con el apoyo político del exviceministro de gobierno Rodolfo Illanes, las autoridades de Tiwanaku y algunos miembros de la comunidad arqueológica local. Tuvo un buen inicio de gestión, con buenas ideas e intenciones de cambiar la situación de la gestión estatal de la arqueología. Sin embargo, su subordinación a instancias superiores de corte político le impidieron el logro de mayores avances.

Su gestión afrontó numerosas denuncias de acoso y persecución por parte de otros arqueólogos del gremio. Confrontó no sólo a las autoridades de la Carrera de Arqueología de la UMSA sino a la comunidad arqueológica nacional. Denuncias de negligencia, tráfico de influencias y persecución política; las cuales terminaron por alejarlo del cargo. Durante su administración se elaboró y aprobó una norma sobre ejecución de trabajos arqueológicos en obras públicas y privadas, la cual fue duramente cuestionada por sus falencias técnicas y legales, así como por sus vacíos en torno al accionar de los proyectos de investigación y la gestión de Museos.

Manejó de manera discrecional varios proyectos y fondos de cooperación, entre ellos el Proyecto Belga del Lago Titicaca, el cual fue llevado adelante luego de desvincular de manera unilateral la participación de la Carrera de Arqueología de la UMSA (instancia que formaba parte del convenio inicial), con una clara afectación académica y económica para esta. De igual manera, otros proyectos de la cooperación suiza y española ligados a conservación y normativa, fueron manejados de manera irregular. Salió en medio de un escándalo vinculado al seguimiento y manejo de un sitio Inka encontrado en Viacha.

María Cecilia Gánem Urgel. Arqueóloga licenciada por la Universidad Mayor de San Andrés. Dirigió la UDAM entre 2018 y 2019. Sin ninguna experiencia ni capacidad en la administración pública, asumió el cargo después de una larga acefalía; siendo su principal fin mantener funcionando el aparato administrativo de la arqueología preventiva.

Ninguna política precedente fue cambiada, modificada o renovada durante su gestión, manteniendo y aprobando en todas sus acciones el uso y abuso de las normas elaboradas y promulgadas por su antecesor. Salió de manera intrascendente unos meses después de haberse dado el cambio de gobierno.

Daniel Oropeza. Historiador de profesión. Administró la UDAM dentro de un periodo de emergencia y desinstitucionalización de la gestión arqueológica, extendido entre 2019 y 2020.  

Promovió la elaboración de un nuevo reglamento y la articulación de la comunidad arqueológica para trabajar en un instrumento normativo que fuera útil para la protección del Patrimonio Arqueológico y para facilitar el trabajo de los arqueólogos que lo protegen y estudian. Sin embargo, su falta de celeridad evitó la concreción de estas iniciativas.

Salió como resultado de las erráticas políticas del Gobierno de Añez y Víctor Hugo Cárdenas, con relación a la Cultura y la educación nacional.

María Cecilia Gánem Urgel. Asumió el cargo por segunda vez el año 2020, extendiendo su gestión sólo por algunos meses. Su presencia en la Unidad de Arqueología y Museos fue el punto final previo a la desintegración de la entidad en la estructura administrativa de cultura.

Raúl Silva Segales. Pastor cristiano y oficial de policía. Estuvo a cargo de la UDAM mientras se encontraba cerrada durante el año 2020. Fue designado de forma totalmente irregular por el entonces ministro de Educación Victor Hugo Cárdenas, (que pasó a hacerse cargo de la cartera de Estado relacionada con cultura) , tras la desaparición de la UDAM.

Se desconoce cualquier informe de descargo realizado por esta persona, cuyas "credenciales" ni siquiera se relacionaban lejanamente con la gestión cultural, y su nombramiento fue razón para todo un movimiento en el fuero arqueológico, relacionado con la necesidad de refundar, bajo parámetros legales, la institución que encabezaba.

UNIDAD DE MUSEOS, ARQUEOLOGÍA E INVESTIGACIÓN - UMAI  (2021 - 2023)

Santiago Gutiérrez.  Tuvo la responsabilidad de dirigir la entidad con la denominación de Unidad de Museos, Arqueología e Investigación (UMAI) creada a inicios del gobierno de Luis Arce Catacora (2021 a 2022). La SALP no posee ninguna información relacionada con profesión o la gestión de esta persona, a excepción de su nombre.

Víctor Plaza Martínez. Arqueólogo de formación. Dirigió la UMAI entre los años 2022 y 2023. Estuvo a cargo de una organización altamente debilitada y con escaso personal, inmerso exclusivamente en procedimientos administrativos. Actualizó una batería de herramientas para la protección del patrimonio en el ámbito municipal con apoyo de la Cooperación Española, Intentó dirigir un proceso en contra de la empresa y los arqueólogos que permitieron la destrucción de un sector del sitio arqueológico de Tiwanaku durante la construcción del nuevo alcantarillado. Sin embargo, la entonces Ministra de Culturas Sabina Orellana Cruz y otras autoridades obstaculizaron su avance.

Durante su gestión se emitieron algunas publicaciones de su autoría y compilados financiados por el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización.

 UNIDAD DE HERENCIAS CULTURALES MATERIALES - UHCM (2023 - 2025)

Tras una reforma en la organización del Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización, se desintegró la UMAI, la cual fue sumada con otro tipo de actividades de gestión patrimonial en la denominada Unidad de Herencias Culturales Materiales (UHCM) Con la aparición de esta entidad, se dio por desaparecida la instancia técnica de gestión de la arqueología boliviana, sumida en la más profunda y desastrosa crisis. Tal como vino ocurriendo entre 2006 y 2025, ninguna autoridad o técnico ingresaba al Ministerio de Culturas sin militancia comprobada y sin un aval político.

Raúl Yujra. A cargo de esta genérica entidad entre 2023 y 2024. Provenía del área de Turismo. Fue el primero de una serie de "jefes" de Unidad que fueron designados y presentaron su renuncia en tiempo récord, puesto que eran presionados, por sus cargos superiores, para atender aspectos políticos con ninguna relación con el área técnica específica (para la cual tampoco se hallaban capacitados).

Santiago Quintana. Arquitecto. Estuvo a cargo unas semanas en 2024.  Segundo profesional, sin capacidades específicas, que renunció en un mes a su designación como jefe de unidad.

Ana Huanca. Arquitecta. También designada políticamente en 2024; fue el tercer profesional sin capacidades o formación específicas, que renunció tras un mes de ser designada como jefe de unidad.

Roberto Canales. Ingeniero. Cuarto profesional, muy claramente sin capacidades específicas, que renunció también pocos días después de su designación en como jefe de unidad (2024).

Roger Cruz. Administró la unidad entre 2024 y 2025. Arquitecto de profesión. Su gestión se caracterizó por la disminución más drástica de técnicos arqueólogos que se haya registrado en el Ministerio de Culturas (llegándose a contabilizar sólo dos funcionarios). Además, es responsable de la elaboración y promulgación del Decreto Supremo Nº 5471, el cual reglamenta -deficientemente- aspectos de la inacabada Ley 530, cuya ausencia de reglamentos específicos es lamentable y notoria.

APUNTES FINALES Y CONCLUSIONES

Tras medio siglo de haber iniciado el proceso de incorporación de la gestión arqueológica en la institucionalidad estatal boliviana, se pueden extraer las siguientes observaciones y conclusiones sobre su trayectoria y resultados:

Inicialmente, es posible identificar con claridad dos periodos diferenciados:

El primero, manejado por arqueólogos empíricos liderados por Carlos Ponce Sanginés, bajo cuya dirección se ejecutaron proyectos y se crearon herramientas técnicas y normativas. Si bien los arqueólogos carecían de una formación académica o profesional, esta era compensada por su compromiso, experiencia, capacidad técnica en campo y motivación para difundir el conocimiento arqueológico en todos los espacios posibles. Bajo el influjo estimulante y frecuentemente autoritario de Carlos Ponce Sanginés, destacados investigadores como Maks Portugal Zamora, Gregorio Cordero Miranda, José Estévez, Louis Girault, Juan Faldín, Jorge Arellano, Waldo Villamor, Félix Tapia Pineda, Jedú Sagárnaga, Eduardo Pareja y Oswaldo Rivera Sundt y otros, implementaron proyectos e intervenciones arqueológicas en buena parte del territorio nacional y publicaron incesantemente sobre la arqueología boliviana.

El segundo, estuvo marcado por el relevo de los denominados “arqueólogos empíricos”, por aquellos formados en las aulas universitarias, la mayoría de los cuales ingresaron sin haber completado los requisitos para el ejercicio legal de su profesión. En este periodo algunos arqueólogos que acompañaron a Ponce en la primera etapa, se matricularon y completaron sus estudios universitarios en la carrera de arqueología. Durante la primera parte de este segundo periodo, casi la totalidad de los funcionarios que ocuparon la máxima posición en la gestión arqueológica fueron profesionales en arqueología. En los últimos 6 años, el requisito de ser arqueólogo profesional para asumir el principal cargo fue pasado por alto, en abierta violación a la propia Ley de Patrimonio 530, que hace específica la vinculación profesional para el trabajo o la toma de decisiones sobre el patrimonio arqueológico boliviano.

Es así que, la arqueología pasó de tener un instituto con peso propio y competencias para la investigación, a una instancia administrativa genérica, que se diluyó en la burocracia administrativa ministerial, zozobrando en acciones centralizadas, ineficientes, improvisadas, discrecionales y poco transparentes de supervisión y fiscalización, debido principalmente a la escasa formación en este ámbito por parte de quienes ocuparon los principales cargos. 

Es correcto afirmar, que la gestión de la arqueología estuvo politizada desde sus inicios, pero que durante los últimos 20 años la selección de directores pasó de considerar los perfiles académicos a simplemente ponderar los méritos y avales políticos, muchas veces a costa de incurrir en terribles violaciones de la Ley 530 y delitos en contra del Patrimonio Arqueológico Nacional.

La falta de una normativa técnica y jurídicamente bien diseñada, la politización de las decisiones y la negligencia administrativa en el Ministerio de Culturas han permitido daños físicos en sitios y monumentos importantes como Tiwanaku, Pumapunku, Akapana, Isla del Sol, Samaipata, Iscanwaya, o caminos prehispánicos como Takesi, El Choro o Chuñavi.

La ruptura constante entre las autoridades del Ministerio de Culturas con la Universidad Mayor de San Andrés, la Sociedad de Arqueología de La Paz y diversos sectores de la colectividad arqueológica han contribuido a agravar la crisis de la arqueología boliviana, tanto en los sectores de investigación como en el cumplimiento de las normas sobre protección de patrimonio.

Finalmente, se concluye que lo que actualmente hemos obtenido en la institucionalidad sobre gestión del Patrimonio Arqueológico, en todos los niveles de administración estatal, no es ni por asomo, lo que se esperaba lograr tras 50 años de haberse iniciado este difícil y peleado proceso.


17 de diciembre de 2025

CONCLUSIONES DE LA REUNIÓN DE LA SALP CON EL VICEMINISTRO DE CULTURAS Y FOLKLORE ANDRÉS ZARATTI

Viceministro Andrés Zaratti (Foto La Razón)
Ayuda Memoria: Reunión SALP - Viceministerio de Culturas y Folklore

La Paz, 17 de diciembre de 2025

Hoy, miércoles 17 de diciembre, el presidente y el vicepresidente de la Sociedad de Arqueología de La Paz (SALP), Javier Méncias y Carlos Lémuz, respectivamente, se reunieron con el viceministro de Culturas y Folklore, Andrés Zaratti. El objetivo fue tratar la posición de la SALP respecto a la reciente reestructuración del órgano ejecutivo y su impacto en la gestión de la arqueología boliviana. Esta reunión se gestionó a partir de una solicitud efectuada por la SALP mediante una nota enviada el pasado 2 de diciembre.

Tras un breve repaso sobre la gestión arqueológica de los últimos diez años, los aciertos y desaciertos normativos y los principales problemas detectados por la SALP, se establecieron conclusiones sobre los siguientes puntos:

1. Institucionalización

El viceministro Zaratti indicó que, aunque los cargos en su cartera no están sujetos a un proceso formal de institucionalización, se priorizará la selección de profesionales con el mejor perfil, evaluando capacidad y experiencia.

Resaltó que actualmente solo se cuenta con dos arqueólogos para la gestión de proyectos y dos para el Museo Nacional de Arqueología (MUNARQ). Admitió que este número es insuficiente, pero advirtió que ampliarlo será difícil debido a la política de reducción del aparato estatal. En ese sentido, subrayó la necesidad de buscar soluciones técnicas, administrativas y colaborativas interinstitucionales. Asimismo, señaló que los bajos salarios vigentes podrían limitar el reclutamiento de personal altamente calificado, por lo que se buscará maximizar la calidad técnica con los recursos asignados para la gestión 2026.

2. Marco normativo

Ante la solicitud de abrogar o ajustar normas como la RM 020/2018 —de la cual se expusieron falencias técnicas y legales—, Zaratti consideró que es un tema necesario que requiere el aporte de todos los actores. Para ello, se planteó la implementación de mesas de trabajo (y/o Jornadas). Además, se acordó que la elaboración de los reglamentos específicos derivados del DS 5471 se realizará de manera consultiva.

3. Modernización

En cuanto a la simplificación de trámites, la SALP enfatizó la necesidad de reducir los tiempos de emisión de autorizaciones e informes. Se citó como ejemplo el éxito de los "Trámites en línea 24/7" del GAMLP durante la pandemia, así como sistemas digitales aplicados en otros países de la región. Se coincidió en que la digitalización será clave para optimizar el trabajo del escaso personal disponible.

4. Descentralización y apoyo a gobiernos subnacionales

Zaratti explicó que la propuesta de reformular la relación presupuestaria central-regional (50/50) podría tomar tiempo, especialmente para que los municipios asuman competencias en patrimonio cultural.

Al respecto, la SALP propuso una categorización de municipios basada en criterios como potencial arqueológico, población y recursos, para identificar cuáles deben contar obligatoriamente con personal calificado. Se concluyó que el Ministerio posee los instrumentos administrativos necesarios, pero falta trabajar en leyes genéricas y reglamentos base para que los gobiernos locales puedan adaptarlos a su realidad.

5. Defensa del patrimonio

La SALP expuso que es imperativo rearticular las antiguas redes institucionales y de la sociedad civil organizada para la lucha contra el tráfico de bienes culturales y volver a activar las relaciones entre el Viceministerio de Culturas y Folklore con el Ministerio público, la Policía boliviana, los gobiernos subnacionales, el órgano judicial y las organizaciones de defensa del patrimonio cultural, a fin de luchar de manera efectiva contra el expolio y el tráfico de bienes culturales. 

Zaratti indicó que este tema es prioritario y se prevé trabajar con apoyo de la cooperación internacional, específicamente con la Embajada de Estados Unidos. Por su parte, la SALP planteó implementar mapas de sensibilidad arqueológica en ríos y áreas críticas para frenar la destrucción causada por cooperativas mineras en el norte de La Paz.

6. Protección de museos

En acuerdo sobre un sucinto diagnóstico sobre la situación de los museos nacionales en todos sus escalas y tipos, se vio que es necesario implementar una política de museos para proteger y aprovechar adecuadamente el patrimonio que estos albergan. Sin embargo, esta es una medida que se debe estudiar con mayor cuidado, dadas las características propias de cada una de estas entidades. Este tema no se abordó con suficiente detenimiento; no obstante, se tocó puntualmente el problema del Museo Putu Putu, cuya puesta en marcha se convino como necesaria y urgente, fijándose el objetivo para tenerlo en funcionamiento, la fecha de la Larga noche de museos del 2026. 

Conversaciones previas con los responsables de Mi Teleférico apuntan a que este objetivo es factible de alcanzar debido a la voluntad de todas las partes. Aspectos de la estrategia podrían ser abordados en una nueva reunión pensada para enero del 2026, cuando se haya definido por completo la estructura organizativa del Viceministerio y se hayan establecido las condiciones con los otros actores institucionales que fueron parte del problema y que tambien lo serán de la solución.

27 de noviembre de 2025

POSICIONAMIENTO DE LA SALP ANTE LA REESTRUCTURACIÓN ESTATAL Y EL FUTURO DE LA GESTIÓN ARQUEOLÓGICA EN BOLIVIA


1. Contexto de la Reestructuración El pasado 16 de noviembre, el nuevo gobierno presentó la estructura estatal con la que busca cumplir sus objetivos, reduciendo los ministerios de 17 a 14. Entre los cambios más notorios destacan la disolución del Ministerio de Justicia y la redistribución de funciones de Medio Ambiente y Agua. En nuestro sector, el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización ha sido transformado en el nuevo Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía.

2. Antecedentes: El deterioro de la institucionalidad cultural Si bien la reestructuración era necesaria —dado que la creación del Ministerio de Culturas en 2009 devino en una medida demagógica y de cuoteo político para organizaciones sociales (como la CNMCIOB-BS y la CSCIB) sin capacidad técnica—, la gestión cultural ha sufrido un deterioro constante.

Desde la gestión de Pablo Groux, pasando por Zulma Yugar, Elizabeth Salguero y llegando a la politización extrema con Wilma Alanoca, la administración arqueológica ha sido desmantelada. Se redujo el personal técnico, se emitieron normativas nefastas (como la RM 020/2018) y se priorizó el proselitismo sobre la política pública. Este declive continuó en el gobierno de transición y se profundizó con el retorno del MAS, donde la "Unidad de Herencias Culturales Materiales" llegó a funcionar, al finalizar su declive, con apenas dos arqueólogos para todo el país, marcando un mínimo histórico en la capacidad de gestión estatal.

3. Análisis del Nuevo Decreto (DS 5488) El Decreto Supremo 5488, que crea el Viceministerio de Culturas y Folklore, presenta deficiencias de partida. Su denominación es conceptualmente redundante y sus atribuciones están redactadas con poca claridad técnica, especialmente en lo referido a la investigación y gestión patrimonial, resultando insuficientes frente a los mandatos de la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano.

4. Demandas y Expectativas del Sector La comunidad arqueológica espera una gestión profesional y eficiente. Exigimos y proponemos:

  • Institucionalización: Cargos directivos y técnicos ocupados por arqueólogos profesionales elegidos por concurso de méritos, no por afinidad política.

  • Marco Normativo: Abrogación inmediata de la RM 020/2018 y elaboración de normas ágiles para la arqueología preventiva y de investigación.

  • Modernización: Digitalización de trámites y creación de un banco de datos abierto de informes de investigaciones, superando el centralismo del actual Centro de Documentación.

  • Descentralización y Apoyo: Fortalecimiento de las capacidades de gestión patrimonial en los municipios y gobernaciones.

  • Defensa del Patrimonio: Coordinación efectiva con la Policía y el Ministerio Público para frenar el expolio arqueológico, especialmente en zonas de la minería aurífera ilegal.

  • Protección de Museos: Designación meritocrática de directores de museos nacionales y traspasos inventariados rigurosos.

5. Conclusión La Sociedad de Arqueología de La Paz y la comunidad arqueológica nacional mantienen la esperanza en este nuevo ciclo. Invocamos al Viceministro Andrés Zaratti a establecer una mesa de diálogo urgente con los actores del sector. Escuchar nuestro diagnóstico y demandas es el primer paso para revertir años de improvisación y garantizar una gestión exitosa de nuestro patrimonio.

16 de octubre de 2025

OBRAS MUNICIPALES DE QUILLACOLLO GENERAN NUEVOS DAÑOS EN EL MORRO ARQUEOLÓGICO DE SIERRA MOKHO


Perfil del corte estratigráfico de Sierra Mokho excavado por Christoph Döllerer en 2007 (Foto Döllerer 2008)

Recientes denuncias efectuadas a la Sociedad de Arqueología de La Paz hacen patente la afectación severa ocasionada por una obra municipal al morro arqueológico de Sierra Mokho, ubicado en el municipio de Quillacollo, Cochabamba, violando la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano, el Reglamento de autorizaciones para Trabajos Arqueológicos en Obras Públicas y Privadas del estado Plurinacional de Bolivia (RM 020/2018) y la Ley 370 del Patrimonio Cultural del Departamento de Cochabamba (Artículo 21). 

Sierra Mokho es un montículo artificial emplazado sobre 1.45 ha de extensión y 5 metros de altura. ubicado en el sector norte de la ciudad de Quillacollo, considerado el sitio mas grande de la zona urbana integrada de Cochabamba. Entre los años 1950 y 1965, sufrió una reducción de sus tamaño a efecto de trabajos de la extracción de tierra para la elaboración de adobes por parte de los comunarios vecinos. Sin embargo, en ese entonces, el Iniam-Museo bajo su director Dick Edgar Ibarra Grasso pudo recuperar algo del material arqueológico exhumado (Opinión 18 de mayo del 2008). 

Desde entonces el sitio de Sierra Mokho fue estudiado por numerosos investigadores, destacándose los trabajos de Donald L. Brockington y David M. Pereira Herrera, Ramón Sanzetenea Rocha, Ricardo Céspedes Paz y Carlos Pérez López de la UMSS, efectuado entre 1984 y 1985, cuyos resultados permitieron conformar y fechar  una inicial secuencia cultural para los valles de Cochabamba (Ibid). 

Entre 2007 y 2008 un equipo de investigadores liderados por Christoph Döllerer de la Universidad de Bonn y apoyado por investigadores del INIAM de la Universidad Mayor de San Simón implementaron excavaciones intensivas sobre una parte importante del sitio que derivó en el hallazgo y la "documentación de 79 contextos funerarios y 65 ofrendas, recuperándose 180 vasijas cerámicas enteras contextualizadas. Se hallaron también una serie de casas con muros de piedra y adobe, pisos, fogones, hornos, basurales, depósitos y baños, atribuidos a las culturas del Intermedio Tardío, del Horizonte Medio (Cultura Tiwanaku) e Intermedio Temprano (Cultura Tupuraya)"(Opinión 18 de mayo del 20008). Trabajos muy detallados sobre este sitio formaron parte de la tesis doctoral de Döllerer, que fue publicado en 2013.

Tras las investigaciones el sitio fue afectado reiterativamente por intervenciones constructivas del GAM de Quillacollo, huaqueos por parte de antisociales y daños por efecto del intemperismo (La región 2012, ejv 2016).

Recientemente, obras de construcción de una plaza en el lugar, bajo el encargo del GAM de Quillacollo volvió a generar daño en la integridad del montículo, exponiendo restos cerámicos, óseos, estratigrafía cultural y estructuras arquitectónicas. Lamentablemente, las acciones efectuadas en las inmediaciones de tan importante yacimiento arqueológico no cuentan con la supervisión de arqueólogos profesionales como establecen las normas vigentes. 

La denuncia fue remitida al Viceministro de Patrimonio Cultural del Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización, sin que se hayan iniciado acciones hasta la fecha. para reforzar esta solicitud, se enviaron comunicaciones vía whastapp, a los técnicos de la UHCM del mismo ministerio, quienes respondieron positivamente. 

Se espera que tanto el MCDyD, como la Gobernación de Cochabamba  y el INIAM de la UMSS tomen acciones sobre el caso y obliguen al GAM de Quillacollo a someterse a las leyes nacionales y departamentales sobre patrimonio cultural, además de abrir un proceso penal a los responsables de los daños que el sitio se encuentra sufriendo. 


Área del morro de Sierra Mokho intervenida por las obras del GAM de Quillacollo

Video del área afectada

Video del área afectada 2

Vasija encontrada en el perfil expuesto por las obras


Personal de la Alcaldía de Quillacollo documentando el lugar


27 de septiembre de 2025

LA GESTIÓN MUNICIPAL DE LA ARQUEOLOGIA PACEÑA: AVANCES Y RETROCESOS EN LOS ÚLTIMOS 10 AÑOS (2015-2025)


En los últimos 10 años, el Gobierno Municipal de La Paz, a diferencia de casi todos los demás municipios de Bolivia, tomó la decisión de asumir las responsabilidades que le asignan la Constitución Política del Estado, la Ley Marco de Autonomías y la Ley Nacional del Patrimonio Cultural Boliviano, respecto a la gestión arqueológica de su jurisdicción. Esta decisión la asume muy a regañadientes y bajo una fuerte presión de la sociedad civil organizada y la inobjetable evidencia derivada de los hallazgos arqueológicos identificados en el marco de la construcción de la Línea Blanca del Teleférico de La Paz.

Hasta entonces, su Secretaría de Culturas, si bien contaba con un arqueólogo con contrato temporal para apoyar algunas acciones de sensibilización y documentación, evadía sistemáticamente cualquier posibilidad de encarar la gestión directa sobre la prevención, protección y rescate del patrimonio arqueológico local, dejando estas tareas para que las ejecute la instancia nacional dependiente del Ministerio de Culturas, Descolonización e Interculturalidad. Esta reticencia a ordenar la actividad constructiva en favor de la protección del patrimonio arqueológico estaba dirigida a proteger los intereses de las empresas constructoras, los terratenientes urbanos y los propios intereses corruptos de las autoridades y funcionarios ediles que veían en el patrimonio arqueológico de La Paz una amenaza para el valor de las propiedades urbanas.


Desde finales de 1999, la Oficialía Mayor de Culturas del Municipio de La Paz contaba con una propuesta para estudiar y salvaguardar su patrimonio arqueológico, sobre la cual se apoyaron tímidamente algunas acciones como la prospección y rescate del patrimonio superficial de Chullpani (Ciudadela Stronguista), la realización de una limitada intervención de rescate en la Plaza Busch y un rescate en la Iglesia de San Sebastián. Una de las justificaciones principales para no asumir la gestión arqueológica en el municipio era la carencia de un mapa arqueológico que definiera dónde se encontraban las evidencias arqueológicas que debían ser protegidas, que a entendimiento de las autoridades municipales, requerían estar claramente acotadas, de manera semejante al catastro de las edificaciones arquitectónicas patrimoniales coloniales y republicanas del área urbana. Sin embargo, esto era imposible de lograr, dado que la evidencia arqueológica se hallaba por debajo de la superficie pública y privada del área urbana.

Un estudio minucioso sobre la manera acerca de los modernos instrumentos cartográficos que se estaban usando en otras urbes, principalmente europeas, para la gestión del patrimonio arqueológico, llevó a un par de arqueólogos a elaborar el año 2006 el primer mapa de áreas donde se presumía que albergaban potenciales yacimientos arqueológicos en el área urbana del municipio de La Paz. Este mapa fue completado con verificaciones en terreno y presentado a consideración de la Secretaría Municipal de Culturas el año 2007 para luego publicarse en un libro con fondos del propio gobierno municipal el año 2008.

Se esperaba que tras su publicación se convertiría en el esperado instrumento de gestión de la arqueología local, pero ello no ocurrió. Las autoridades de la Secretaría de Cultura intentaron introducir el mapa dentro del USPA 2008, lo cual se logró por un periodo muy corto de tiempo, para luego ser retirado. La primera propuesta de normativa arqueológica municipal fue elaborada ese mismo año por los mismos arqueólogos que elaboraron el mapa, sumando el apoyo de la recientemente creada Sociedad de Arqueología de La Paz, pero esta iniciativa, como varias otras destinadas a promover acciones de rescates de urgencia a cargo del municipio, fueron repelidas por ejecutivos y concejales ediles, cuya ignorancia sobre el tema y las normas nacionales era ostensible y terriblemente penosa. De esta misma forma fueron rechazados los requerimientos para que se salvaguardara la última torre funeraria (Chullpar) de Chijipata (Achumani) y las intervenciones estratigráficas en Chullpani y Pampajasi.


Entre 2007 y 2008, la Secretaría de Culturas de GAMLP contrató una arqueóloga como consultora temporal en línea, la cual se encargó de completar prospecciones y reconocimientos arqueológicos en toda La Paz a fin de validar los datos del mapa arqueológico y ampliar los datos acerca de la evidencia arqueológica superficial en las zonas periurbanas donde la amenaza de las nuevas urbanizaciones era máxima. La documentación fue completada, pero tras ello muy poco se hizo para desarrollar una norma que proteja el patrimonio.

Las nuevas autoridades que ingresaron a la Secretaría Municipal de Culturas y su Dirección de Patrimonio (2010) se encargaron de ocultar y echar tierra al mapa arqueológico y al proyecto de normativa municipal hasta finales del año 2015, momento en el cual, a iniciativa de la empresa austriaca Doppelmayr, encargada de la construcción de la Línea Blanca del Teleférico de La Paz, se dio inicio a un estudio de evaluación de impacto arqueológico, del cual derivó en una serie de hallazgos extraordinarios bajo el trazo de la Avenida y Plaza Busch.

Un rescate arqueológico que demandó casi nueve meses de trabajo en este lugar confirmó la existencia de un enorme sitio arqueológico en el lugar, a partir de lo cual instancias, no precisamente ligadas a la Secretaría Municipal de Culturas, dieron el empuje inicial que era necesario para que el municipio establezca una normativa de protección arqueológica. En abril de 2018 se emitió la Resolución Ejecutiva 131, que, en base al Mapa de Áreas Arqueológicas Potenciales del Municipio de La Paz publicado el 2008, estableció la obligatoriedad de efectuar estudios de Evaluación de Impacto Arqueológico dentro de un área definida como de "Muy alta sensibilidad a la presencia de evidencia arqueológica". Todo bajo el amparo de la Ley Municipal Autonómica 265/2017 de Fomento, Salvaguarda, Desarrollo y Promoción de las Culturas y las Artes, instrumento legal que se ajustó en su forma final recién en septiembre del 2018.


Si bien la RE 131 fue una medida transitoria para echar a andar el sistema técnico municipal para la protección del patrimonio arqueológico, fue también poco meditada y sin el filtro jurídico necesario, pues emergió con el grave error de asumir una decisión arbitraria y discrecional de proteger únicamente las áreas de muy alta sensibilidad a la presencia de patrimonio arqueológico, en detrimento de las áreas de alta y moderada sensibilidad arqueológica, que el propio mapa arqueológico establecía.

Este hecho contravino los artículos 50, 51 y 54(3) de la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano, que obliga a TODAS las obras o actividades públicas o privadas que pretendan intervenir en lugares cercanos o que afecten a bienes del patrimonio arqueológico — evidente o presunto — a realizar evaluaciones preventivas, con mucha razón si son de alta o moderada sensibilidad a la presencia arqueológica. Esta violación incluye la contravención absoluta al artículo 4° del Reglamento de Autorizaciones para Trabajos Arqueológicos en Obras Públicas y Privadas del Estado Plurinacional de Bolivia. Estas infracciones jamás fueron enmendadas por técnicos ni autoridades municipales, pese a las reiteradas observaciones hechas por los representantes de la Sociedad de Arqueología de La Paz y los propios autores del Mapa Arqueológico. Tozudez, incompetencia, negligencia e ignorancia técnica y jurídica fueron las características generales vinculadas a la arqueología y el patrimonio arqueológico entre el 2015 y el presente.


Hasta ese entonces, era evidente que, pasados 12 años desde que fuera elaborado el Mapa de Áreas Arqueológicas Potenciales del Municipio de La Paz, era necesario efectuar una actualización donde se incluyeran nuevos sitios, se ajustara el modelo y se establecieran nuevas categorías de sensibilidad para las áreas evaluadas. Es así que, en noviembre del 2018, los arqueólogos autores del mapa solicitaron el acceso a los informes de estudios arqueológicos de evaluación de impacto implementados hasta esa fecha en el municipio, a fin de contribuir a mejorar y actualizar el Mapa Arqueológico del área urbana del municipio de La Paz.

El entonces Analista Técnico de Patrimonio Arqueológico y la Abogada interna de la DPC del GAMLP negaron el acceso libre a esos estudios amparados en un cuerpo legal no aplicable al caso y el vago argumento de que los técnicos del GAMLP se encontraban justamente en el proceso de lograr la mejora y actualización del Mapa Arqueológico, y que por tal razón esta información no podía ser consultada, ni siquiera por los autores del mapa arqueológico. Respuesta totalmente falsa, mentirosa y mezquina por parte de tales funcionarios, dado que por ley la información arqueológica debe estar abierta, sin limitaciones para los arqueólogos e investigadores especializados en patrimonio, tal como lo establece el Artículo 18 de la Ley 530 que en su inciso 2 refiere: "Se respeta y garantiza el derecho de las universidades, centros, sociedades e institutos de investigación, al estudio y conocimiento de los bienes culturales, inmateriales y materiales del Patrimonio Cultural Boliviano", complementado con el Artículo 19 que indica que los custodios o propietarios de patrimonio cultural deben: (3) permitir el acceso de los investigadores debidamente acreditados. Por otra parte, el Artículo 49 de la Ley de Patrimonio 530 indica que el propósito de las autorizaciones que emiten las autoridades competentes, es el de velar por la preservación e integridad física del Patrimonio Cultural Boliviano y no limitar su acceso, investigación u opinión científica sobre el mismo. Finalmente, el Artículo 59 de la misma ley, en su inciso (c), establece que se considera una falta leve el hecho de que el propietario o custodio no permita el acceso a los investigadores al patrimonio cultural boliviano, que es el caso de los informes de excavación, dado que ante la destrucción del registro, el informe se constituye en patrimonio arqueológico documental.


A la fecha, y pasados 19 años desde que fuera elaborado el mapa arqueológico, los técnicos del GAMLP han sido no solamente incapaces e incompetentes para efectuar una actualización de ese mapa, habiendo mantenido un celo insano — casi delictivo — respecto a la información documental y material depositado en su Unidad de Patrimonio Cultural, materializado en los reiterados rechazos al apoyo ofrecido por los especialistas de la Sociedad de Arqueología de La Paz.

Esta mezquindad y falta de horizonte de autoridades y técnicos ligados a la gestión arqueológica municipal, tuvo otro pico negativo importante al negarse la custodia del material arqueológico proveniente de las excavaciones del mayor y mejor estudiado sitio arqueológico urbano del municipio de La Paz: el área arqueológica de Putu Putu, cuyo centro se encuentra en la Plaza Bush del barrio de Miraflores. Sin embargo, este incumplimiento de las obligaciones que le imprime la Ley de Patrimonio se vio agravado por la negativa de las entidades ediles para hacerse cargo del flamante Museo aéreo-terrestre de Putu Putu, instalado en los predios de la Línea Blanca del teleférico, que expone con gran detalle la magnitud de la importancia de la historia ocupacional prehispánica de ese sitio y de todo el valle de La Paz. Hasta el día de hoy, este museo se halla parado y abandonado, tanto por las autoridades nacionales como las del Municipio de La Paz.


El 30 de octubre del 2020, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz emitió el Decreto Municipal 36/2020 que reglamentaba la emisión de permisos de ejecución de estudios de evaluación de impacto arqueológico y mitigación de impactos, sin aún enmendar las faltas cometidas contra la Ley 530 y el Reglamento RM 020/2018 cuando lanzaron su RE 131/2018.

El DM 36/2020 también atenta contra el derecho de los arqueólogos al trabajo, estableciendo la prohibición explícita de efectuar dos o más consultorías simultáneamente, dado que solo extienden un permiso por arqueólogo, tal como lo impuso el Ministerio de Culturas en 2018, vulnerando el derecho al trabajo de los profesionales arqueólogos. En la misma línea, la norma municipal tampoco reconoce a las personas jurídicas como empresas consultoras para que lleven adelante labores que involucren equipos multidisciplinarios o se requieran más de un arqueólogo. Este hecho también vulnera los derechos corporativos consignados en el Código de Comercio.


Con el cambio de alcalde acaecido tras las elecciones de marzo de 2021, la situación de la gestión del patrimonio arqueológico acusó un mayor y profundo retroceso al asumir el cargo de Secretario Municipal de Cultura una persona totalmente ajena al medio como lo era Rodney Miranda y por debajo de él se nombró como Director de Patrimonio a Ovidio Salvatierra Catoira, un arquitecto dueño de una constructora que apoyó la campaña de Iván Arias. Este cuoteo y entrega de puestos públicos a contribuyentes de la campaña derivó en una pérdida mayor de dirección e institucionalidad en la gestión del patrimonio arqueológico paceño, que supuso una reducción de dos a un solo arqueólogo para atender todas las intervenciones urbanas y rurales sobre patrimonio arqueológico, la ampliación de procesos burocráticos para obtener permisos, emitir informes y obtener un documento de conformidad sobre el trabajo realizado por los arqueólogos.

A mediados del año 2024 fue retirado Rodney Miranda del puesto de Secretario Municipal de Culturas y en su reemplazo ingresó Américo Jemio, otro personaje aún más ajeno al tema cultural que el anterior. Se trataba de un ingeniero de sistemas que estuvo prestando funciones como administrador de la terminal de buses de La Paz, cuyo conocimiento sobre políticas culturales era básicamente cero. Es en este contexto que emerge una nueva normativa (Decreto Municipal 30/2024) en diciembre del mismo año, supuestamente para corregir aspectos procedimentales y de plazos de la norma anterior (DM 036/2020). Sin embargo, esta no corrige ninguno de los errores anteriormente explicados, sino que añade otros de igual o peor factura.


En enero del 2025, la SALP envía una nota de queja a Américo Jemio y solicita una reunión expresa con tal autoridad para tratar los errores y violaciones contenidas en esta norma. Jemio rehúye por dos veces consecutivas esta reunión, que al final se efectuó con la asesora legal del Secretario de Culturas, la Jefa de la Unidad de Patrimonio Cultural y el técnico arqueólogo que estuvo contratado hasta diciembre del 2024 (aspecto anómalo, pues en ese momento no tenía ningún vínculo contractual con el GAMLP). Presentadas las observaciones, ninguna de ellas pudo ser levantada y se prometió un informe una vez que el municipio vuelva a contar con un arqueólogo legalmente contratado, informe que tras nueve meses de efectuado el reclamo sigue sin respuesta. El arqueólogo fue contratado en marzo del 2025 junto con un arqueólogo de apoyo para atender con mayor eficiencia los procesos pendientes y futuros. Sin embargo, esto aconteció después de haber paralizado el funcionamiento de la gestión del patrimonio arqueológico municipal por casi tres meses, con el consiguiente riesgo que ello entrañaba para el patrimonio y el dramático perjuicio para los propietarios de predios con trámite de construcción en el espacio urbano sensible al patrimonio.


Algunas de las observaciones efectuadas por la SALP en la nota remitida al Secretario Municipal de Cultura eran:

"En el Artículo 5 se especifica que es una infracción que atenta contra el patrimonio arqueológico, la ejecución de excavaciones arqueológicas sin contar con el permiso de la Secretaría Municipal de Culturas, además de todas las que se especifican en la LMA N° 233 de Fiscalización Territorial. Sin embargo, no se toma en cuenta que una excavación o investigación arqueológica puede ser también autorizada por la autoridad competente, de nivel departamental o por el Órgano Rector de nivel nacional (MCDyD), lo cual no implica necesariamente una infracción que atente contra el patrimonio arqueológico municipal (Ley 530, Artículo 58).

En lo que respecta al Artículo 9, que regula el procedimiento para la implementación del EEIAR, se extiende el plazo de revisión, verificación y valoración de la Solicitud de verificación de seis a doce días hábiles, revelando la gran deficiencia que actualmente afecta el desempeño del GAMLP en la gestión del patrimonio arqueológico municipal. El problema central se debe a que el GAMLP no asigna mayor personal para atender el tema arqueológico con la eficiencia que se requiere, aspecto que contraviene lo que sus propias normas establecen (LM 265).

En el Artículo 11, se incorpora las categorías de "representante legal" y "apoderado" como suscriptores de la nota de solicitud junto con el arqueólogo profesional, algo irregular, pues por ley (N° 530 y Reglamento 020/2018), el arqueólogo es el único que puede solicitar un permiso para una intervención arqueológica.

De la misma manera que la ampliación que figura en el Artículo 9, se extiende el plazo anterior de seis días que se daba al técnico de la UPC para la revisión del Proyecto, a doce días, con lo cual los plazos para la ejecución de trabajos fácilmente podrían extenderse a más de un mes, con la consecuente afectación al trabajo del arqueólogo, cuya inmovilidad le impide enviar nuevas solicitudes o trabajar en otros proyectos dentro del municipio de La Paz.

Queda muy claro que la norma aprobada no tiene el objetivo de mejorar la eficiencia del GAMLP en la gestión del patrimonio arqueológico cultural, sino que más bien legaliza una burocracia ineficiente, sin considerar la situación de usuarios (propietarios o promotores de los proyectos constructivos) o aliados en la protección del patrimonio (profesionales arqueólogos).

De manera discrecional y sin argumento válido, se asumen como tiempos normativos los que puede cumplir el escaso personal que designa para atender la gestión del patrimonio arqueológico de todo el municipio, sin considerar que la "experiencia" que se menciona en las consideraciones de la norma les dice que deben disponer de mayor personal, equipamiento técnico y tecnología administrativa, para hacer un trabajo mínimamente responsable con el patrimonio arqueológico que alberga el municipio, con los arqueólogos que trabajan en su rescate y protección y con los mismos propietarios que se apegan al cumplimiento de la norma.

Demandamos que esta norma sea socializada con todos los actores involucrados, y que, de ser necesario, sea corregida, en aras de una mejor gestión municipal, protección del patrimonio y respeto a la ley y a los derechos de quienes estamos para proteger y estudiar el patrimonio arqueológico paceño".


Otra anomalía observada por la SALP en la nota de reclamo de enero del 2025 se centró en la ausencia de normativa de respaldo respecto a la ampliación discrecional y sin respaldo técnico ni legal de las áreas de interés por patrimonio arqueológico en subsuelo difundidas junto con el mapa de uso de suelos del municipio (LUSU). Cabe señalar que el primer instrumento cartográfico se desprendía de un riguroso estudio efectuado entre 2006 y 2008 donde se consignaban áreas de diferente grado de sensibilidad, mientras que el mapa elaborado por la UPC y colgado en la web del GAMLP no cuenta con ningún estudio de respaldo, ni siquiera una memoria técnica, menos un respaldo jurídico, como lo era la RE N° 131/2018. Esta anomalía pone en peligro, no solo al patrimonio arqueológico municipal, sino al propio municipio que podría ser afectado por demandas judiciales en caso de afectar los intereses y derechos de propietarios sin el respaldo de una normativa correctamente aprobada.

Pocos meses más tarde, el ejecutivo municipal decide traspasar la Unidad de Patrimonio Material para que opere bajo la dependencia de la Dirección de Administración Territorial, que es la encargada de establecer los permisos para el movimiento de suelos, pero que sectorialmente no tienen ningún conocimiento ni autoridad para tratar temas culturales o de patrimonio. Esta medida es tan absurda como que la Unidad encargada de gestionar el patrimonio Cultural y Arqueológico del Ministerio de Culturas pase a depender del Ministerio de Obras Públicas, aberración que subordinaría los intereses de protección del patrimonio a las decisiones de autoridades cuyo interés está fincado en el desarrollo urbano y la administración de obras constructivas, que frecuentemente se contraponen con los intereses de protección del patrimonio arqueológico cultural.

La Sociedad de Arqueología de La Paz se halla altamente preocupada por la manera irresponsable, improvisada y deficiente con la que se viene gestionando la protección del patrimonio arqueológico desde el municipio paceño, que si bien no llega a tocar fondo aún, falta muy poco para que tal suceso ocurra. Es por tanto necesario que la Unidad de Patrimonio Cultural Material retorne a la instancia sectorial donde corresponde, que se cree una instancia específica para la gestión arqueológica con personal calificado, tanto en lo técnico como en lo administrativo, que cuente con apoyo material y presupuestario suficiente para que puedan cumplir de manera eficiente con sus responsabilidades en la generación de políticas públicas municipales, atención operativa de los usuarios, administración de la documentación patrimonial, promoción de estudios sobre el patrimonio material colectado y la difusión de conocimiento sobre el pasado prehispánico hacia la comunidad paceña. Se requiere un cambio diametral respecto a las políticas y la manera de gestionar el patrimonio arqueológico municipal de los últimos 15 años, que comprenda primero el desarrollo de normativas e instrumentos de gestión eficaces con la participación de los principales actores del sector.



4 de julio de 2025

UNIDAD DE TRANSPARENCIA DEL MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE Y AGUA ADMITE DENUNCIA DE LA SALP POR DISCRIMINACIÓN EN LICITACIONES UCEP MMAyA


La Unidad de transparencia del Ministerio de Medio Ambiente y Agua remitió a la Sociedad de Arqueología de La Paz una nota en la que se admite la denuncia de discriminación interpuesta por nuestra institución en contra de la Unidad Coordinadora y Ejecutora de Programas y Proyectos del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, por solicitar como requisito el grado de maestría en arqueología a los profesionales en arqueología que figuran en sus licitaciones, quienes son requeridos para efectuar los Estudios de Evaluación de Impacto Arqueológico (Diagnósticos Arqueológicos) para sus proyectos de saneamiento básico, siendo que tal maestría no existe en Bolivia y menos tiene que ver con la específica temática de Arqueología Preventiva, cuyo fin se concentra específicamente en la identificación, protección y preservación de patrimonio arqueológico. 

La admisión de la denuncia, implica la apertura de un proceso de investigación por discriminación en función del grado académico, a los responsables de la UCEP MMAYA, cuya licitaciones públicas tienden a favorecer a un muy escaso - y bien identificado - grupo de profesionales arqueólogos, en detrimento de otros que han sido licenciados por la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. 

Una inicial respuesta del Coordinador General a.i. de la UCEP observa sólo algunos aspectos parciales de sus requerimientos, ocultando otros que son fundamentales a la esencia de la denuncia, minimizando o despreciando el impacto que tendrían estos aspectos en la admisión y calificación de los profesionales arqueólogos que participan en estas licitaciones. 

La denuncia tambien fue enviada a la Ministra de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización, Esperanza Guevara, para que inicie una investigación al respecto, o tome alguna acción para evitar este tipo de actos discriminatorios efectuados desde el propio estado central. Lamentablemente, la nota no fue atendida, como muchas de las que se envían a este Ministerio y que no tienen ninguna respuesta formal, aspecto que es un claro indicador de la incapacidad en la que esta sumida esta institución bajo la actual gestión. 

Esperamos que la Unidad de Transparencia investigue estos hechos y verifique quien o quienes colocaron estos requisitos, cuya vigencia establece diferencias significativas en relación al acceso de los profesionales en arqueología para efectuar este tipo de trabajos. Valoramos en sumo grado que esta demanda haya procedido en una instancia del MMAyA, lo cual es una gratificante señal de que aún existen instancias y profesionales comprometidos con el cumplimiento de la ley y la defensa de los derechos constitucionales.

Adjuntos:

Nota de denuncia de la SALP

Respuesta UCEP MMAYA

Respuestas Unidad de transparencia del MMAYA